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A menudo, en casos de familias desorganizadas con problemas serios e hijos adolescentes, me toca echar mano de los abuelos como colaboradores en el proceso de mejoría. Los nombro mis agentes terapéuticos y, para ejercer como tales, les preparo con las pertinentes sesiones de terapia familiar. El reencuentro del nieto adolescente con los abuelos puede hacer volver las aguas a su cauce en varios niveles:
1. Ayudando a que se mantenga la jerarquía familiar, mediando entre los padres y los hijos conflictivos.
2. Deberán hacerse respetar, de manera que los padres del hijo conflictivo les respeten a ellos, el hijo respete a sus padres y se respete a sí mismo: «El padre que desprecia a su padre desprotege a sus hijos.»
3. Se intentará que el joven tenga gestos de servicio respecto a los abuelos, cuidándolos en lo que sea menester, acompañándolos cuando corresponda, etc.
4. Por su parte, los abuelos transmitirán al joven las tradiciones familiares, haciéndole partícipe de las raíces y los orígenes de la familia.
5. Los abuelos aportarán soluciones a los conflictos que se generan entre padres e hijos, echando mano de sus experiencias («Más sabe el diablo por viejo que por diablo»).
6. Con la forma de vivir, más pausada y reflexiva, los abuelos transmiten al joven nieto o nieta la adecuada jerarquía de valores que la sabiduría de los años les ha otorgado. Hay un refrán que dice así: «El amor perfecto a veces no viene hasta el primer nieto.»
Dr. Paulino Castells (Queridos abuelos, Ediciones Ceac. Estimats avis, Ed. Columna)
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